Tim Berners-Lee, si es que todavía necesita presentación, es el padre de la World Wide Web. De manera un tanto frívola podríamos decir que es un Sheldon Cooper, pero con la empatía más fácil de encontrar; y, para quien no conozca a Sheldon, diremos que es un científico que buscaba una herramienta de trabajo y que consiguió implementar una red de datos interconectados que se dio en llamar con las siglas más famosas del mundo virtual: WWW.


“Estoy devastado”, fueron las palabras utilizadas por el creador de la web para describir lo poco que le gusta la deriva que ha tomado la red a muchos niveles. Su intención era hacer una Internet para todos, pero, desgraciadamente, en la actualidad asistimos a un escenario muy poco alentador.

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Por un lado, unos pocos se reparten los pingües beneficios de monopolizar las plataformas online. Google, Facebook y Amazon principalmente, son los gigantes que dominan el comercio online a casi todos los niveles, y, a falta de una legislación global que regule estas prácticas, algunas acciones ampliamente extendidas en la red son ciertamente de dudosa legitimidad.

Si alguna vez Internet fue el maná que permitiría un comercio más justo y equilibrado, esto fue solo un espejismo. Gigantes como Amazon o Alibabá hacen imposible la competencia, porque, o son dueños, o principales gestores de casi todos los procesos de compra, desde la plataforma online hasta los servicios de transporte.

Pero, mucho más preocupante que esto, es la dudosa gestión de los datos que se ha revelado en la última época. Desde el caso de Facebook, tras el escándalo de Cambridge Analítica, que evidenció la capacidad de influencia que tiene el uso ilícito de datos privados a través de redes sociales, con objetivos tan peligrosos como intentar influir en resultados electorales.

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Sin olvidar las renombradas Fake News o noticias falsas, que nutren la red utilizando diversas vías, muy especialmente las redes sociales, para generar opinión e intentar inclinar posturas hacia puntos más radicales.

Hay quien quiere ver en todo esto una especie de conspiranoia para aumentar la polarización de la sociedad hacia dos ideologías globales. ¿Quién podría sacar partido de todo esto?

En cualquier caso, induce a la reflexión.


Tras todas estas tinieblas que han sumido a Berners-Lee en la devastación, el optimismo resurge en su discurso con una nueva idea que lleva tiempo desarrollando y está enfocada hacia lo que se ha dado en llamar la descentralización de la red. Con el proyecto Solid, Berners-Lee y sus partners quieren devolver la “www” a la gente. Suena a utopía, ¿verdad?
Parece que pensar o volver a pensar en una web descentralizada y humanitaria es posible.

Como escribiera Dickens: “El hombre no sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta”. Esperemos que, en este caso, también se pueda aplicar para lo bueno y veamos lo que nos depara el futuro…al menos en Internet.

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